| MITOLOGÍA VASCA |
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Entre los genios y las
divinidades de la tierra destaca Mari que es acompañada de todo un
conjunto de númenes que, usualmente, adoptan la forma de animales. Otro espacio
importante lo ocupan los mitos solares y lunares y los relacionados con el
cielo. Algunos de tales mitos tienen presencia en toda Euskal Herria, si bien se
concretan en variantes locales, y otros se limitan a algunas comarcas.
Buena parte de ellos se
extienden por otras áreas pirenaicas o son mitos de carácter muy amplio e
incluso universal que aquí se han recubierto de aspectos particulares. A todo
ello cabe añadir las andanzas de las almas de los antepasados y los ritos y usos
ligados al culto doméstico.
Como queda apuntado, la
introducción del cristianismo supuso profundas transformaciones en la anterior
mitología pre-cristiana. Incluso varias leyendas explican que la llegada desde
el Oriente de una gran nube luminosa (o una bella estrella) fue el anuncio del
nacimiento de Kixmi (Cristo) y el fin de la época histórica de los
gentiles (jentillak), seres a los que se atribuía grandes
capacidades físicas e intelectuales, si bien no cristianos, que acabaron
suicidándose colectivamente al tirarse por barrancos o desapareciendo.
El término jentil en
lengua vasca procedería del latino gentilis, identificado con el concepto
de pagano por los cristianos. En muchas zonas del País Vasco los nombres dados a
los monumentos prehistóricos tienen que ver con los gentiles (entendiendo que
ellos, con su vigor físico, serán los constructores de los mismos): así
jentilbaratzak a los cromlechs y jentilarri o
jentiletxe a los dólmenes. Lo mismo ocurre con algunas cuevas (jentilzulo,
jentilkoba) y accidentes naturales rocosos (jentil-zubi, jentil-leio).
En algunos lugares se vincula la edificación de iglesias y ermitas con la desaparición de antiguos seres, entre ellos los gentiles, númenes y genios. Pese a todo, esta nueva religión no supuso la destrucción de las antiguas creencias. Muchas de ellas siguieron vivas y otras fueron readaptadas a las interesadas interpretaciones cristianas, transmitiéndose de generación en generación.
Entre las figuras
mitológicas ligadas a la tierra (lur) y con mayor presencia en
Euskal Herria destaca Mari, situada por encima del resto de los
genios. Se le conoce por numerosos nombres, como Maya, Lezeko-Andre
e loana-Gorri, si bien lo más común es que en cada comarca su
nombre vaya unido al del monte o paraje en el que se cree habita, por ejemplo
Basko-Marie (Mari del bosque), Aralarko Damea (la Dama
de Aralar) o Anbotoko Sorgiña (la Bruja de Anboto). Vive bajo
tierra, en cuevas y grutas de altas montañas, rodeada de riquezas, desplazándose
de vez en cuando al exterior a través de simas y otros conductos subterráneos.
Una vez fuera se traslada por el aire visitando sus variadas moradas en las
distintas sierras montañosas vascas.
De sexo femenino, Mari
puede hacerse notar de innumerables maneras: una de las más extendidas es como
una bellísima y elegante mujer; en sus habitáculos subterráneos es frecuente que
muestre parte de sus extremidades de forma animal (pies de cabra o de ave) o que
toda su figura sea zoomórfica (novilla, yegua, etc); en cambio, en el exterior y
viajando por los aires es observada rodeada de fuego, en forma de nube rojiza o
ráfaga de viento. Mari vive en el interior de la tierra, ligada con la
superficie por medio de simas, pozos y cavernas. Según dicen, en una ocasión el
párroco de Mugiro (Nafarroa) fue a celebrar misa en la misma sima de Mari. Si,
durante la misa, Mari se encontraba en ella ya no granizaba durante un año en el
lugar. Pero Mari no es siempre fuente de temor, con frecuencia la gente se le
dirigía en busca de consejo y Mari siempre contestaba rectamente. Una vez en el
ferrón de Iraeta (Gipuzkoa) no pudiendo poner en marcha su fragua, se dirigió a
la cueva de Mari en Anboto. Tras explicarle el problema Mari le dijo como
arreglarlo dejando al ferrón muy satisfecho.
Se asegura que es la reina
del resto de genios, estando especialmente relacionada con Maju
(también identificado con el herensuge o sugaar,
serpiente macho), que es su compañero, generándose fuertes tempestades en las
ocasiones en que ambos se juntan, y emparentada con sus dos hijas que, en
algunos lugares, son hijos (Mikelats y Atarrabi).
Una de las principales
ocupaciones de Mari es su dedicación a propagar grandes
tempestades, por ello quien le realice ofrendas (un carnero u otro animal,
monedas...) se verá libre de las graves consecuencias de aquellas. Además, es
posible invocarle para obtener favores e, incluso, visitarle en su morada,
siempre siguiendo unas determinadas reglas de comportamiento. De las leyendas se
deduce que Mari es implacable con los mentirosos, los orgullosos, los ladrones y
con los que no practican la solidaridad y la ayuda entre los humanos,
castigándolos con diversas fórmulas.
Uno de los númenes más
famosos es el aker, macho cabrío, en particular el akerbeltz
(macho cabrío de color negro). Una de sus capacidades era su influjo beneficioso
sobre los animales puestos bajo su protección. Adquirío gran fama en el seno de
la brujería al presidir y ser adorado en los akelarres celebrados
en distintos lugares de Euskal Herria, como es el conocido y en su momento
perseguido caso de la cueva de Zugarramurdi. El típico genio de carácter
subterráneo en forma de serpiente, con una o varias cabezas, se denomina
herensuge, sugaar o sugoi (culebra macho). Se alimenta de
animales y seres humanos, apareciendo envuelto en llamas. Como hemos apuntado,
es considerado el compañero de Mari. Hay diferentes versiones
sobre la muerte de herensuge. En Lapurdi cuentan que lo mató Gastón de Belzunce,
pero la versión más extendida es la que sitúa la muerte de herensuge en el viejo
Santuario de San Miguel de Aralar. Sucedió a manos de San Miguel y por petición
de Teodosio de Goñi. Se dice que después de este hecho se levantó la iglesia,
sobre la caverna de la que salía herensuge. Todavía existe una ventanilla en la
parte derecha del altar mayor que, se dice, llega hasta el interior de la
caverna; las gentes meten ahí la cabeza, mientras rezan el credo, como remedio
para los dolores de cabeza.
Hay toda una pléyade de genios que se presentan con figuras de animales, como por ejemplo el zezengorri (toro rojo) y beigorri (vaca roja), dedicados a guardar cuevas y otros parajes semi-misteriosos.
El sol es denominado en
lengua vasca con muchas acepciones: eguzki, ekhi, iuski... Tiene
una gran importancia por su carácter sagrado, propiedades naturales y su poderío
frente a los espíritus nocturnos, brujas, lamias y similares,
asignándosele una divinidad femenina. Como se sabe, despliega un marcado
protagonismo en las fiestas del solsticio, en un sinfín de ritos y costumbres
derivadas del culto solar (entre otros muchos la colocación en las casas de la
flor del cardo silvestre, llamada eguzkilore o flor del sol) y
apareciendo en diferentes representaciones en la artesanía popular.
La luna, illargi
(y con otros nombres como ilazki, iretargi...), también es una
divinidad femenina, en muchos lugares tratada respetuosamente como una especie
de abuela. es proverbial su influencia, según las frases lunares, sobre la
vegetación (momentos elegidos para la siembra o el corte de los árboles) y los
animales. Además alumbraría en las noches a las almas de los difuntos. Tanto el
sol como la luna son hijas de la tierra (lur) y vuelven
diariamente a su seno tras sus respectivos recorridos por el cielo durante el
día y la noche.
De influencia claramente indoeuropea debió ser la potenciación de la divinidad celeste. El cielo fue llamado de varias maneras (urtzi, ortz, ostri, ost...), cuyos derivados sirvieron para identificar muchos de los fenómenos naturales vinculados al dios celeste como las tormentas, Así se ve en referencias a los truenos (odei, ortzantz, ozkarri...), rayos y relámpagos (iñizitu, oaztargi, tximistarri...) y arco-iris (ostadar, ortzadar, ortzeder...).
Sería muy extenso detallar
todas y cada una de las figuras mitológicas existentes. No obstante,
complementando lo ya mencionado se puede hacer una breve referencia a algunos
genios más de interés.
Uno de los seres que más
aparecen en los relatos son las lamias (lamin, lamiñaku,
eilalamina, latsari...), mujeres con las patas de gallina, pie de cabra
o cola de pez, que viven en cuevas y pozos y que son localizadas peinándose con
un precioso peine junto a los cursos de los ríos, en las fuentes y entradas de
las grutas.
A quien les deja una ofrenda
durante la noche ellas le ayudan en su trabajo diario. Son frecuentes las
leyendas que relatan imposibles historias de amor entre cautivadoras
lamias y apuestos muchachos. En algunos puntos se distingue entre
lamias hembras y machos. Se asegura que la edificación de ermitas
cristianas en áreas rurales, descampados y zonas montañosas y las rogativas
elevadas conllevaron su desaparición, aunque siguen siendo vistas en muchos
lugares y distinguiéndose con su atractiva figura. En cualquier caso la
toponimia vasca es abundante en voces que tienen como actoras las lamias:
lamiaran (valle de las lamias), lamuxain
(pozo de lamias), laminiturri (fuente de las lamias),
lamiñerreka (arroyo de lamias), etc.
Se les atribuye la
realización de algunas obras y construcciones como puentes: el de Ebrain (Bidarrai,
Nafarroa Beherea), el de Arrosa (Arrosa, Nafarroa Beherea), el de Azalain (Andoain,
Gipuzkoa), el de Urkulu (Gatzaga, Gipuzkoa).... dólmenes: Sorginetxe (Arrizala,
Araba), Mairietxe (Mendibe, Nafarroa Beherea).... y algunas iglesias, casas y
castillos.
También el puente de Ligi (Zuberoa)
se dice estar hechos por lamias, como contaba Jauregiberri de Atharratze (Zuberoa):
"Hace mucho tiempo, las
lamias del monte Lexarantzü se comprometieron a hacer un puente en el río de
Ligi. ¡Un trabajo difícil, si los hay! ¿Pero es que hay algo que no puedan las
lamias?
Fue una noche oscura, ya
que no quieren mirones. Se pusieron a trabajar con presteza y en silencio, para
acabar el puente antes del amanecer. Levantaron el arco del puente, no de los
dos apoyos a la vez, como los hombres; sino desde el uno cara al otro, como
acostumbran las lamias.
Había un panadero no
lejos de allí y, como siempre, al poco de medianoche encendió el horno. Un gallo
joven del gallinero, viendo la iluminación del horno, creyendo que ya era la
aurora, comenzó a cantar y a sacudir las alas. Las lamias, con las últimas
piedras en las manos, iban a colocarla en su lugar. Cuando oyeron el canto del
gallo, ¡brau! tiraron la piedra al fondo del río y ellas, dando un grito
estentóreo, se perdieron en la oscuridad.
Desde entonces, cuando el
río está en estiaje, cualquiera puede ver en el estribo un gran agujero: el que
debía ocupar la última piedra de las lamias."
En la espesura de los
bosques se desenvuelve el basajaun, basojaun o anxo,
señor de los bosques de cuerpo humano y larga cabellera. Es un ser de fuerza
inusual y, según las versiones, puede crear pavor o dedicarse a la protección de
los rebaños de los pastores. Tiene un pié como el de los hombres, el otro, en
cambio, es redondo y tiene vello desde la cabeza a los pies. Cuando anda por los
alrededores el lobo no se atreve a cercarse y los pastores pueden dormir
tranquilos. Sus figuras es una de las más comunes en muchas narraciones. A veces
cuentan con sus parejas femeninas (basandere). Muy similar, aunque
distinto, es el torto o tartalo, un cíclope de un
solo ojo de comportamiento terrorífico y costumbres antropófagas.
Alguno de los muchos genios son de carácter nocturno. Es el caso del gaueko (castiga a todo el que osa desafiar o menospreciar la noche), ieltxu o iritxu (en forma de pájaro o figura humana es reconocible por el fuego que se desprende de su boca), gauargi (genio en forma de luz) e inguma (de índole maléfico y ocupado en entrar en las casas y molestar a sus moradores). Hay muchos otros duendes más o menos traviesos y simpáticos (iretxo, iratxo, intxisu, ireltxu, gorri txiki....). Asimismo, la sorguiñ era un genio nocturno al servicio de Mari, cuyo nombre sirvió luego para designar a las brujas.
A lo largo de la historia
los vascos han estado estrechamente conectados a la casa (etxea)
que significa mucho más que una simple vivienda y, en el caso de los caseríos
rurales (baserria), una serie de posesiones. Se trata del espacio
donde la familia lleva a cabo buena parte de las actividades diarias y en el que
sus componentes están unidos a sus antepasados. De suerte que hay toda una serie
de creencias y ritos sobre la relación con los difuntos cercanos.
Obviamente esta concepción
ha cambiado radicalmente en los tiempos actuales. La casa era un espacio sagrado
que se debía conservar, proteger y transmitir. En tal dirección jugaba un papel
esencial el fuego del hogar. En tiempos remotos incluso los aledaños de la casa
servían de cementerio familiar. Con el cristianismo los enterramientos cambiaron
de ubicación, si bien en las iglesias parroquiales cada casa y familia disponía
de un espacio de suelo (yarleku) que era una parcela inseparable
del hogar. Aquí se recordaban los antepasados (colocación de ofrendas y
argizaiolas con cera) y se invocaba a sus almas. En algunas localidades
el camino entre las casas y la iglesia también tenía un carácter sagrado por ser
el itinerario seguido en los funerales. En los cementerios cada casa (familia)
tenía asignado su espacio.
De este conjunto de
interacciones surgió un culto de tipo familiar-doméstico hacia las almas de los
antepasados. A la muerte de las personas, las almas se separaban de los cuerpos
para, adoptando la forma de sombras, luces o ráfagas de viento, ir a morar a
puntos del subsuelo de la tierra. Por las noches, tales lamas a través de
cavernas, simas u otros caminos regresaban periódicamente a sus antiguas casas.
Podía ser invocadas para prestar ayuda a los familiares todavía vivos. En todas
estas tradiciones familiares y en la atención al espacio en la iglesia y a la
tumba de la casa en el cementerio, cumplía el papel básico la señora de la casa
(etxekoandre).
En el valle del Baztan (Nafarroa)
hay una piedra que lleva el nombre de Arrikulunka y, como su nombre indica, se
mueve balanceándose. Cuentan que algunas otras piedras, generalmente grandes,
tenían escritos; como los que hay en Zegama (Gipuzkoa), Bergara (Gipuzkoa),
Kortezubi (Bizkaia), Arano (Nafarroa), Sara (Lapurdi)... Esto es lo que contaban
en este último pueblo:
"En la cima de Larraun
había una piedra como sepulcral. Estaba cerca de la pared de la capilla. Encima
tenía escrito: "el que me dé la vuelta no se arrepentirá". Al día siguiente de
Pentecostés fueron los jóvenes, le dieron la vuelta y debajo encontraron
escrito: "Antes estaba bien y ahora mejor".
En la de Bergara ponía
"Dadme la vuelta" y después de voltearla encontraron esto "ahora estoy bien". La
de Zegama tenía "dadme la vuelta" y "bien estoy".
El sol es fundamental para
la vida; por eso, en muchas culturas ha sido deificado al darse cuenta que
estaban supeditados a él. Su ausencia -la noche- es tiempo de los seres
espantosos, el día por el contrario, el de los vivientes.
(Si tengo el sol, no me preocupo de la vela)
Algunas costumbres que han
durado hasta la actualidad hacen pensar que también en el País Vasco fue
deificado. El sol tiene diversos nombres: iguzki (Irún, Gipuzkoa),
iduzki (Aezkoa, Nafarroa), eguzku (Erronkari, Nafarroa),
eki/ekhi (Zuberoa) y uno muy significativo Jainkoaren begia
"ojo de Dios" (Ataun, Gipuzkoa). En Luzaide (Nafarroa) aún en el siglo XX, las
mujeres ofrecían tortas de harina de maíz por las mañanas.
La veneración que ha tenido
el sol se ha manifestado en muchas cosas desde hace mucho tiempo. Los dólmenes
prehistóricos están mirando a Oriente -es decir, al sol-; lo mismo las casas,
las tumbas y los restos que están en ellas. En el caso de la casa, también el
clima tiene mucho que ver, ya que del Norte y Poniente suelen venir el frío y
los temporales.
En las salutaciones hechas a
la luna, como la sol, se le da carácter femenino, como se puede ver es ésta de
Zerain (Gipuzkoa): "Luna, señora madre santa, que Dios nos bendiga; que mi buen
ojo no de mal; dígalo así todo lo que vea".
Esa creencia extendida que
la luna -ilargia- era la luz de los muertos -hil argia- "luz de
los muertos"-, pero tiene también otras acepciones: idargi, iretargi,
iratargi, (Bizkaia), ilazki (Nafarroa), argizagi
(Zuberoa), goikoa (Bidankoze, Nafarroa).
Un día a la semana -el
viernes- solía estar dedicado a la luna, era el día en que se suponía se reunían
las brujas. Por eso no había que hacer determinadas cosas en viernes: casarse,
llevar el rebaño al monte, recoger la miel de las abejas etc. Para otras se
tenía en cuenta situación lunar: creciente, menguante, nueva, llena etc. Según
eso se hacía la leña, se mataba el cerdo, se cortaba el pelo etc. En caso de
ignorarlo, el resultado podía ser malo. Los aezkoanos, por ejemplo, decían: "La
leña hecha en creciente es de mejor llama y más ligera que la de la luna
menguante".
Las fases lunares se
empleaban, además, para medir el tiempo, por eso es la misma palabra -hil- la
empleada para nombrar el mes.
En el siglo XII, el
peregrimo Aymeric Picaud escribió que los vascos llamaban Urci a
Dios. Hoy en día no se utiliza esa palabra en ese sentido, pero se pueden
encontrar algunos indicios que muestran que Urtzi/Ortzi era un dios:
ostria, ortzadar, ostadar, orzaizki, ozkorri, oskori, oskarbi, ospel...
En estas palabras relacionadas con el cielo vemos siempre el radical or/ost,
de modo que utlizar el mismo nombre para llamar a dios y al cielo indica que
habían deificado al cielo.
Tiene dedicado un día de la
semana: -ortzeguna/osteguna-, "día de Ortzi", igual que la luna.
Parece que era Ortzi
también el que creaba los truenos y relámpagos, como los mismos nombres hacen
ver: ortziri, ortots, ostroi, ostots, ortzantz,...
Se tomaban medidas para
protegerse de truenos y relámpagos, generalmente encendiendo una candela
bendecida.
Se pueden hallar numerosas imágenes del sol y la luna por todo el País; pese a que la mayoría están en los cementerios, también se pueden ver en los dinteles y en asientos de iglesias.
Se han recogido muchas
pequeñas oraciones -otoitz txikiak- dirigidas al sol; aparecen en ellas
diferentes nombres y, aunque algunos le dan carácter masculino, normalmente es
considerado femenino. Estas pequeñas oraciones se le decían al sol al atardecer,
cuando se ocultaba:
1) O Iruzki Saindia,eman
zahuzu biziko eta hileko argia! (Luzaide, Nafarroa)
Oh Sol santo, danos la
luz de vivir y de morir.
2) Bihar artio Joanes!
Zauri Bihar muga onez! (Luzaide, Nafarroa)
Adiós Joanes! Sal mañana
en buena hora.
3) Adio Iguzki saintua,
bihar arte; bihar xauri, egun bezala. Orain eta beti; halabiz.
(Banka, Nafarroa Beherea)
Adiós, Sol santo, hasta
mañana; sal mañana, como hoy. Ahora y siempre; que así sea.
4) Eguzkia joan da bere
amagana, biar etorriko da denpora ona bada. (Dima, Bizkaia)
El sol ha ido a donde su
madre, mañana vendrá si hace buen tiempo.
5) Adios, amandre,
biarartio. (Baztan, Nafarroa)
Adiós, señora madre,
hasta mañana.
En el mundo de las viejas
creencias todos los seres y cosas tienen su imagen, ambos están ligados por una
fuerza -adur-, y se supone que lo que se hace a la imagen también
le sucederá al ser mismo. Esta, como otras muchas, era una creencia habitual en
el País y muchos ejemplos lo prueban así.
Un habitante de Ataun (Gipuzkoa)
se dirigió al adivino de Tolosa queriendo averiguar quien le había robado la
vaca. El adivino le dijo que prendiese una vela que representaba al ladrón, y
que a la vez que la vela se quemara, el mismo ladrón perecería.
En Leitza (Nafarroa), un
hombre vendió un cerdo en secreto para pagar una deuda. La esposa, creyendo que
había sido robado, retorció y quemó una vela. Al poco tiempo el marido murió a
causa de una enfermedad desconocida. El suceso se achacó al dicho adur.
En Sara (Lapurdi), una moza
que tenía relaciones con un muchacho le amenazó con quemar una vela si no
cumplía su palabra de casarse.
En la sabiduría popular, el
rostro representado en las monedas podía ser de cualquier persona. En Gipuzkoa,
por ejemplo, estaba muy extendido el doblar una moneda y arrojarla a una ermita
o al fuego cuando se quería hacer daño a alguien.
En la medicina popular
muchos remedios son de índole mágica. En Bizkaia, en caso de dislocación, se
ponía un paño sobre el lugar dolorido, se hacía como que se cosía sin atar el
hilo mientras se decía: "ligamento estirado, ligamento desgarrado, ligamento que
vuelve a su sitio".
Para sanar la enfermedad de
la piel llamada mal de la rosa el enfermo debía dar una vuelta a un rosal
diciendo: "la rosa, con la rosa" y hacerlo durante nueve días; tras ello se dice
que sanaba.
Los mismo sucede, por otra
parte, con los nombres de los seres; se asegura que lo que se dice al nombre le
sucederá al ser. Por eso las maldiciones inspiraban gran temor. En Dohozti (Nafarroa
Beherea) se creía que el día tiene un instante especial para maldecir, pero éste
era desconocido; por eso, uno del pueblo, queriendo castigar a un ladrón, estuvo
todo el día repitiendo la maldición, para no errar el instante adecuado. Se dice
que, como consecuencia de ello, el ladrón se tiró por una ventana.
Por otra parte está el mal
de ojo -begizko-. Era una fuerza malvada que determinadas personas
podían transmitir por medio de los ojos. Siendo normalmente un poder de las
brujas, podía suceder que algunos lo tuvieran, aunque no supiesen de dónde les
venía. Estos últimos, al contrario que las brujas, podían incidir sin querer en
personas o animales.
Para protegerse del mal de
ojo se empleaban amuletos. En algunos pueblos, incluso, se los ponían también a
los animales.
Este mundo nos puede
resultar extraño pero antes estaba muy claro; en Ormaiztegi (Gipuzkoa) decían
así: ¿Que no hay mal de ojo? "Algo hay cuando se le ha puesto nombre".
La gente tenía mucho cuidado
con estas fuerzas desconocidas como bien expresa el dicho "No hay que creer
que existan; no hay que decir que no existen".
La cuestión de las brujas es
preciso situarla en este mundo de creencias. La palabra bruja -sorgin- tiene dos
aspectos: una cosa es la bruja como ser mitológico, que tiene poderes especiales
y que aparece en muchas narraciones, y otra la que tiene pactos con el diablo, y
que además de participar en el akelarre ocasiona mal de ojo y maldiciones.
En la primera clasificación
queda el testimonio de Ataun (Gipuzkoa):
"Hace, lo menos, ochenta
años que uno de Ataun, Inixio Tirrio, estuvo en Bidania de criado. Dice que no
creía en brujas y tenía por sandeces lo que se decía de las brujas. Venía a casa
de trabajar gravillando en la vecindad cuando le salió al encuentro un grupo de
brujas y lo llevaron lejos por el aire diciendo: Que si somos que si no, menos
Zurdaneta aquí estamos todas. De allí en adelante no ha dicho Inixio Tirrio que
no hay brujas".
El segundo caso, el de las
personas, será el que se ha hecho célebre por desgracia. la persecución contra
las brujas extendida por toda Europa tuvo una especial repercusión en Euskal
Herria.
Los males achacados a las
brujas eran inventados y cuando se confesaban era como consecuencia de la
tortura. En estas cuestiones se mezclaban dos cosas: por un lado se les atribuía
lo leído en libros sobre brujería y se hacía confesarlo a gente inocente por
medio de la tortura; por otra parte, ajustes de cuentas de la gente solían ser
causa de la acusación o bien de los acusadores eran niños.
Tampoco hay que dejar de
lado la posible perduración de algunos ritos antiguos, quizá de la primitiva
religión, que el cristianismo no había suprimido y que se mantuvieron hasta
tarde.
Hubo muchas víctimas entre
las amas de cura -serorak-. Solían ser mujeres viudas o solteras que realizaban
labores en la iglesia y en alguna celebración religiosa.
Hubo muchos juicios y pese a
que el caso de Zugarramurdi (Nafarroa) fue de los más famosos, sucedieron otros
aún más letales. En Auritz-Burguete (Nafarroa), por ejemplo, se quemó en 1525 a
varias "brujas". Dos años más tarde, en la misma zona, en Aezkoa, Zaraitzu y
Erronkari el inquisidor Avellaneda ejecutó del mismo modo a 70 más. Todos esos
procesos extendieron la desconfianza, el espanto y el temor por todas partes.
No son pocos los que piensan
que fue un ataque contra el País ya que en Nafarroa la mayor parte de los
procesos sucedieron tras la conquista por Castilla.
En Zugarramurdi están las
famosas cuevas en donde se reunían las brujas en sus akelarres (cuevas de
Akelarre, que es el nombre del prado inmediato a las cuevas). Pero éste no era
el único lugar de reunión, pues había muchos: Fikozelaia (Sara, Lapurdi), el
monte Artegaña (Altzai, Zuberoa), el monte Petiriberro (Aezkoa, Nafarroa), el
monte Jaizkibel (Gipuzkoa), Erpelanda (Muxika, Bizkaia), Abadelaueta (Etxaguren,
Araba), Eiheralarre (Nafarroa Beherea).
El caso de las brujas de
Zugarramurdi adquirió notoriedad por el sumario que emprendió la Inquisición
contra ellas en Logroño en el año 1610. El inqusidor Alvarado, juez
eclesiástico, pasó algunos meses en el pueblo, naturalmente con ayuda de
intérprete, y encontró que había 300 personas "implicadas" en brujería. Llevó a
los más sospechosos a Logroño. Tras el juicio, 18 quedaron en libertad al
admitir llorando su "culpa" y pedir piedad arrepentidos. Quemaron a los siete
que no admitieron la acusación y otros varios murieron como consecuencia de las
torturas.
María de Zozaia era de las
"brujas" más conocidas, y lo mismo Graciana Barrenetxe, Miguel Goiburu, Martin
Bizkar, Joanes Etxalar, María Ttipia, María Etxaleku, Maria Iriart, Maria
Iuretegia y un largo etc.
El sufrimiento que padeció
Lapurdi en el siglo XVII tiene un nombre: Pierre de Lancre.
Donibane Lohitzune (Lapurdi)
estaba dividido a causa de los enfrentamientos entre algunas poderosas familias.
Surgió la sospecha de brujería en una de ellas y ambos bandos se acusaron
mutuamente. Por petición del bando de Urtubi, el rey francés envió un juez
investido de plenos poderes: Pierre de Lancre.
Este jurista, nacido en
Burdeos, pero vasco de origen (Arostegi era su apellido), llegó a Lapurdi en el
año, 1609. Publicó los procesos en los que tomó parte en varios libros, sobre
todo en su Tableau de l'inconstance des mauvais anges et demons. Como él
mismo cuenta, la tierra de sus antepasados se le hizo muy sospechosa, empezando
por la lengua y el carácter de la gente. Pese a considerarlo territorio francés
y vecino de España, se dio cuenta que los labortanos no eran en realidad ni
franceses ni españoles y lo achacó a la labor diabólica. No le agradaron ni la
forma de vestir, ni los modos de trabajar, ni las danzas, etc.
Desde ese punto de vista, se
dedicó a cazar brujas, interrogando a 500 niños. Según la "investigación" 3.000
labortanos eran brujos y, en una ocasión en Hendaia (Lapurdi) se reunieron
12.000 brujos en un akelarre. Las consecuencias no son difíciles de imaginar:
numerosas condenas a muerte.
Los curas tampoco quedaron
libres de sus sospechas, ya que los de Lapurdi participaban en los bailes y en
el juego de la pelota, llevaban armas, etc. De este modo hizo ajusticiar a tre
curas: Argibel en Azkaine (Lapurdi), Migalena y Pierre Bocal en Ziburu (Lapurdi);
otros muchos huyeron al Sur.
Entre tanto, los pescadores
que estaban en Terranova, unos cinco o seis mil, volvieron a casa y se
encontraron con esta grave situación. Con ocasión de la ejecución de Maria Bonne
en Donibane Lohitzun-Saint Jean de Luz, se rebelaron causando un motín.
Esto obligó a Pierre de
Lancre a regresar a Burdeos, teniendo en contra a todo el País y la misma
iglesia, con Etxauz, obispo de Baiona, al frente. No obstante, llevó consigo
numerosos presos. No es posible determinar cuantas personas hizo ajusticiar
Lancre, pero no hay duda de que fueron varios cientos.
Como se ha dicho, los
amuletos -kutunak- que se empleaban contra el mal de ojo eran de
muchos tipos. En Amezketa (Gipuzkoa), colgaban del cuello de los bebés una
bolsita y, en su interior, una moneda, carbón, apio y un trozo de cordón
umbilical. En Zeanuri (Bizkaia), contenía excremento de gallina y carbón. En
Zegama (Gipuzkoa), se dice que el diablo se acercó a un niño pero éste llevaba
su amuleto colgado del cuello; entonces el diablo, al ver lo que tenía la bolsa,
dijo: "no puedo aproximarme a esta ruda y este apio".
Otros tipos de amuletos
estaban hechos con cristal o coral y tenían forma de puño (gesto contra las
brujas), garra de tejón o piedrecitas o esferas de cristal (contra las durezas
del pecho).
Siempre ha habido en el País
Vasco un respeto especial y profundo para con los difuntos, como prueban
numerosas viejas tradiciones.
Cuando en una casa alguien
agonizaba se llamaba en primer lugar al vecino, en este caso, el de la primera
casa por la derecha yendo a la iglesia. El cura y el médico también acudían
llamados por este vecino.
En algunos pueblos, si la
agonía se prolongaba, se solía levantar una teja de la techumbre, suponiendo que
así se facilitaba la salida del alma de su cuerpo.
Tras la muerte, el vecino
más cercano llamaba a los parientes y él mismo o alguien de la casa, daba la
noticia a los animales, especialmente a las abejas. El cadáver era transportado
a la iglesia por un camino especial que tenía en cada casa. No se podían
utilizar caminos comunes, solamente aquel, pese a estar en peores condiciones y
ser más largo. este camino tenía diversos nombres: camino de la iglesia -elizabide-,
de difuntos -gorputzbide-, de cadáveres...
Cada casa tenía su fosa en
el cementerio. Del siglo XIII al XIX, ésta se encontraba en el interior de la
iglesia, en el mismo lugar que el asiento de la casa -jarlekua-. Después se
extendieron junto a las iglesias, tal como todavía pueden verse, sobre todo, en
el Norte del País.
En muchos lugares, los
recién nacidos muertos sin bautizar se enterraban bajo el alero de la casa o en
la huerta; así se hacía en la Rioja (Araba), en Liginaga (Zuberoa), en Uharte (Nafarroa
Beherea), en Kortezubi (Bizkaia), en Aretxabaleta (Gipuzkoa), en Sara (Lapurdi)....
El fuerte lazo que había entre la casa, el camino de difuntos y el cementerio
muestra que la casa también fue lugar de enterramiento. Por ello, la casa y el
lugar de enterramiento eran inseparables y unidos se transmitían a los
sucesores.
En otros lugares, tras
casarse el heredero, los recién desposados solían llevar algún presente a la
sepultura de la casa. De ese modo, el cónyuge venido de fuera entraba en la casa
también ante sus fallecidos.
Durante la misa de difuntos,
la señora de la casa hacía algunas ofrendas en su asiento de la iglesia.
También, como ofrenda, se quemaba el colchón del difunto (en la época, de paja)
en el primer cruce del camino, pronunciando una oración o arrojando agua bendita
al fuego.
De ese modo, el que venía
por el camino, sabiendo que en la casa vecina alguien había muerto, solía rezar
una oración por su alma.
Tras los funerales y el
enterramiento, los parientes e invitados iban a la casa del difunto (en algunos
pueblos todos los que acudían a la iglesia) a celebrar el banquete funerario. En
la comida un pariente ensalzaba la figura del muerto y después, conforme pasaba
el tiempo, el ambiente se iba haciendo risueño extendiéndose las risas y las
bromas entre todos los comensales.
Era una creencia extendida
que el difunto solía aparecerse en ocasiones. Estas apariciones podían ser de
muchas maneras: luces, sombras, sonidos, etc. En estos casos, se le preguntaba
qué deseaba y cumpliendo su petición ya no volvía a aparecer.
El cementerio tiene diversos
nombres: hilarrieta, ilargieta (Sara, Lapurdi), ilherri (Liginaga, Zuberoa),
zimitoro (Oiartzun, Gipuzkoa), kanpusantu (Ataun, Gipuzkoa), ortusantu (Kortezubi,
Bizkaia)...
Y lo mismo las piedras
sepulcrales: hobi, illobi, hilobi, obria, hilarri, ilargi, tonba, etc. Las casas
tenían el asiento en el interior de la iglesia, pero el aumento de la población
originó los cementerios junto a las iglesias. En estos se solía inhumar a los
sin techo y a los gitanos, transeúntes, etc.; más tarde, a finales del siglo
XVIII y principios del XIX a todos los difuntos.
Dólmenes y cromlech son
enterramientos utilizados en algunos períodos de la prehistoria e incluso
posteriormente. Las cenizas del cadáver se enterraban en el interior del
cromlech después de introducirlas en alguna caja o vasija.
En los dólmenes los cuerpos
se enterraban. Con frecuencia, aparecen en ellos restos de alimentos y
utensilios. En la sierra de Aralar (Gipuzkoa y Nafarroa), todavía en el siglo
XIX, los pastores conservaban la costumbre de detenerse entre algunos dólmenes,
quitarse la boina y rezar algunas oraciones. Según ellos, allí era donde los
gentiles enterraban a sus muertos.
Son muy significativos los
nombres de estas piedras sepulcrales: Tartaloetxe "casa de Tartalo" (Zegama,
Gipuzkoa), Sorginetxe "casa de brujas" (Arrizala, Araba), Mairetxe "casa de
moros" (Mendibe, Nafarroa Beherea"), Jentiletxe "casa de brujas" (Ataun,
Giupuzkoa).... en el caso de los dólmenes, y Mairubaratza "huerta de moros" (Oiartzun,
Gipuzkoa), Jentilbaratza "huerta de gentiles" (Arano, Nafarroa), Mairuilarri
"piedra sepulcral de moros" (Zugarramurdi, Nafarroa)... para los cromlech.
Uno de sus nombres es
harrigizona -"piedra humana"- y hace alusión a su forma de figura humana. Las
estelas funerarias -hilarriak- están extendidas por toda Europa, pero es aquí
donde se encuentra la colección más notable. Tuvieron su máxima extensión en el
siglo XVII desapareciendo a lo largo del XIX; al final de ese siglo,
prácticamente nadie las utilizaba. Hoy, vive un nuevo resurgir.
De las que tienen fecha, las
más antiguas son del siglo XVI, pero en su mayoría no tiene ninguna indicación.
Era costumbre representar
los utensilios del oficio del difunto, y también animales, cruces, estrellas,
soles, etc. En algunas aparece el nombre de la casa, pero en general sólo un
dibujo.
El sepulcro -jarleku-
interior de la iglesia era fosa de enterramiento y, a la vez, lugar de asiento
para la señora de la casa. Allí eran donde las mujeres hacían ofrendas a los
difuntos domésticos. Además de luz, colocaban también alimentos; generalmente
solían ser panes -olatak-. En algunos lugares eran panes
especiales, que tenían tres o cuatro puntas; también se usaba carne, como en
Bera y Lekaroz (Nafarroa), y en tiempos anteriores incluso animales.
En algunos pueblos de
Gipuzkoa en el siglo XVIII, durante la misa de difuntos, solían dejar un buey en
la puerta de la iglesia. En Oiartzun (Gipuzkoa), todavía a principios del siglo
XX, se llevaba un carnero al pórtico.
En Liginaga (Zuberoa) creían
que los panes que estaban en el asiento podían perder su poder alimenticio y en
Aretxabaleta (Gipuzkoa) que esos panes pesaban menos tras la celebración.
En algunos pueblos no se
admitió fácilmente la disposición de enterrar a los muertos fuera del recinto de
la iglesia. Cuando así lo ordenó el obispo de Baiona en 1786, hubo mucha
oposición. En Ziburu (Lapurdi), las mujeres amenazaron con dar fuego al convento
en que estaba el obispo. Meses más tarde, las autoridades enterraron a la fuerza
los cadáveres que las familias mantenían en sus casas al negarse a hacerlo fuera
del recinto sagrado.
Con todo, el jarleku
siguió cumpliendo su misión como lugar de ofrendas hasta el siglo XX; después,
los deberes y la preeminencia de las mujeres se perdieron en la misma medida en
que en las iglesias se iban poniendo bancos.
Entre las ofrendas hechas a
los muertos la de la luz era la más importante, pues era creencia extendida que
en el mundo de la oscuridad resultaba imprescindible. Para se empleaban
antorchas, candelas y largas velas recogidas. Estas toman el nombre de
ezkozigor "varita de cera" (Sara, Lapurdi), bildumena
"recogida" (costa de Gipuzkoa) etc. Con frecuencia la vela aparece enroscada en
torno a una tabla especial; esa tabla se llama argizaiola "tabla de
cera".
Dicha tabla representa
esquemáticamente la figura humana y, a veces, está profusamente labrada; al
igual que las demás ofrendas, se colocaban en los asientos/sepulturas de la
iglesia.
De la necesidad de luz por
parte de los muertos contaban lo siguiente en Berastegi (Gipuzkoa):
"No hace mucho tiempo que en un pozo de una mina (creo que en Bizkaia) quedaron atrapados bajo tierra un grupo de mineros. Entretanto, la madre de uno de aquellos mineros encendía todos los días la luz en la iglesia y uno la debió dejar sin prender. Al cabo de unos días, sacaron aquel minero vivo de debajo de la tierra, y les dijo que sólo durante un día estuvo sin comida, bebida y luz. Calculando, resultó que aquel día era el que su madre no encendió la luz".