MIRCEA ELIADE Y EL IDEAL DEL HOMBRE UNIVERSAL
Por J.P. Couliano (*)
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Mircea Eliade en su juventud, durante un viaje a la India hacia 1930. |
Mircea Eliade es quizás el máximo historiador de las religiones del siglo pasado. En sus obras supo consumar algo aconsejado por Walter Otto: intuir la experiencia viva que subyace en los mitos y el universo de los dioses. Muchas de sus obras son de lectura esencial para quienes deseen adentrarse seriamente en el mundo de la mitología y la historia de las religiones: El mito del eterno retorno; Tratado de historia de las religiones; Mito y Realidad; Sobre Herreros y alquimistas; El chamanismo y las técnicas arcaicas del éxtasis. Y la obra colectiva que dirigió en la Universidad de Chicago donde enseñó e investigó en sus últimos años: Tratado de las ideas y creencias religiosas.
Aquí editamos un artículo de uno de sus más cercanos colaboradores, J. P. Couliano, quien traza una sustantiva perspectiva biográfica de Eliade y se adentra en los sentidos fundamentales de su cosmovisión nutrida por el pensamiento simbólico y mítico. Mircea Eliade fue también escritor, un temperamento artístico. Quizá eso explique su lucidez para entender que los mitos no son alocada fábula sino la expresión de un universo de divinas fuerzas creadoras.
El artículo de Couliano (en traducción del cuaderno Homo religiosus. Dialogues avec le sacré Paris, 1994, realizada por F. Schwartz) nos ha sido cedido gentilmente por la página El hilo de Ariadna, importante sitio abocado a la recopilación de textos sobre mitología y religión.
E.I
MIRCEA ELIADE Y EL IDEAL DEL HOMBRE UNIVERSAL
Por J. P. Couliano
EL ITINERARIO
Nacido el 9 de Marzo de 1907,su padre era oficial de carrera, Mircea
Eliade iba a manifestar una aptitud precoz para los estudios
enciclopédicos. Habiendo empezado por artículos de entomología en un
periódico de divulgación científica, iba a festejar pronto la
aparición de su quinto artículo. Su adolescencia está marcada por
dos actitudes complementarias: crisis de desesperación melancólica y
rebeliones heroicas contra ellas y contra las limitaciones de la
condición humana en general. Se acostumbra a dormir sólo cinco horas
por la noche e incluso a ingerir substancias repulsivas para dormir
así su voluntad. Después de Honoré de Balzac, su primera pasión
literaria, descubre a Giovanni Papini y se reconoce a él mismo en el
"hombre finito" (uomo finito) hasta llegar a perder su propia
identidad. En esta época se apasiona ya por la historia de las
ciencias sagradas-sobre todo la alquimia- por el orientalismo y la
historia de las religiones.
Habiendo comenzado sus estudios universitarios de filosofía en 1925,
fue llamado por su profesor Nae Ioneseu (1890-1940), un joven sabio
de aspecto e inteligencia mefistofélicos que iba a llegar a ser poco
después uno de los corifeos del movimiento tradicionalista de
Rumania. En este momento, Nae Ionescu repartía su tiempo entre sus
cursos de metafísica y de lógica y el periódico "Cuvántul" (El
Verbo), de orientación política nacionalista. En un panorama
político dominado por el partido liberal, los nacionales-campesinos
se situaban a la izquierda del gobierno y basaban sus proyectos de
reformas económicas y sociales en la idea del bienestar de la clase
mayoritaria, que era la de los campesinos.
Sin interesarse directamente por la política, Mircea Eliade, que iba
pronto a llegar a ser redactor en el "Cuvántal", era un demócrata
nato. Una visita a Italia, que iba a proporcionarle el encuentro
soñado con su ídolo Giovanni Papini, y sus encuentros con los sabios
Ernesto Buonaiuti y Virgilio Macchioro, le brindan la ocasión de
condenar, en un artículo, el régimen de Musolini. A Virgilio
Macchioro, que le proporcionó las informaciones, se le expulsó, por
lo que al punto el ingenuo y joven Eliade decidió no ocuparse nunca
jamás directamente de política.
En Italia supo de la existencia de Surendranath Dasgupta, gran
historiador de la cultura india, y de la generosidad del maharadjah
de Kassimbazaar. Escribió a éste para pedirle una beca para la
India, para conocer las prácticas del yoga. Se le concedió la beca
y, en 1929, Mircea Eliade, con sus 22 años, fue a Calcuta, donde
vivió primero en una pensión anglo-india, y se mudó después a casa
de su gurú Dasgupta. Un amor desgraciado le aleja sin embargo de la
casa del gurú y se retira a Rishikesh en el ashram himalayo de Shri
Shivananda. Un nuevo amor, y la necesidad de cumplir el servicio
militar en Rumania, le obligan a abandonar el ashram y a volver a
Bucarest, donde acababa de aparecer su primera novela "Isabel y
las aguas del diablo 1930.
En Rumania la celebridad y una larga serie de desilusiones acompañan
a Eliade habiendo hecho el doctorado en filosofía con una primera
versión de este libro que, publicado conjuntamente por P. Geuthner
en 1936, que iba a representar hasta ese momento la única obra de
síntesis sobre el yoga. Eliade se consagra a la vez a la carrera de
novelista y a la de profesor universitario, llegando a sustituir a
Nae Ionescu en la Facultad de Letras. En 1933, es el éxito -de
prestigio y de público- de su novela autobiográfica "Maytreyl",
traducido en 1950 al francés con el título "La Noche Bengalí". Poco
después, ensayos, memorias, novelas y escritos científicos se
suceden ininterrumpidamente: 22, de 1932 a 1943.
Muchos
son colección de artículos; en efecto, hasta 1943, había más de un
millar, y Eliade apenas si había llegado a la madurez.
Decepcionado por el partido nacional-campesino que había llegado al
poder y por el rey que le había hecho volver a Rumania, el profesor
Nae Ionescu entra en contacto poco a poco con la organización
extremista La Guardia de hierro, de Cornelio Zelia-Codreanu
(1899-1938). Por ello el periódico Cuvántal estuvo cerrado, casi sin
interrupción, a partir de 1933. Ideólogo de una revolución ortodoxa
que iba a restaurar los valores de la espiritualidad autóctona, Nae
Ionescu, bien conocedor del hebreo y de la cultura judía, termina
por asumir insensiblemente posiciones vagamente antisemitas. Su
discípulo Mircea Eliade se lo reprocha en una célebre polémica del
año 1934. En efecto, Eliade siempre se había colocado en posiciones
democráticas, rehusando caer en los excesos de sus amigos de la
derecha o de la izquierda comunista. Estaba cansado de uno y de
otros, puesto que participaba en un círculo de conferencias llamado
Criterion, cuyo fin era justamente representar todos los puntos de
vista en un debate auténticamente pluralista. Por desgracia, desde
1934, los puntos de vista se radicalizan, Eliade se ve encasillado
en un no man's land por sus amigos de la izquierda y de la extrema
derecha, unos le reprochan sistemáticamente su espiritualidad", los
otros su postura en el "problema judío". Y sin embargo, Eliade
terminará por ser considerado de moduabusino como hombre de
derechas, a causa de la política cada vez más radical de su maestro
Nae Ionescu. Así, durante las grandes purgas organizadas por el rey
Carlos III, fue internado en un campo de concentración, después del
arresto de Nae Ionescu. Puesto en libertad, es víctima sin embargo
de este malentendido que le causó el arresto. Poco después, en los
Idus de Marzo de 1940, Nae Ionescu caía, probablemente víctima de
uno de estos servicios de espionaje extranjeros y que se daban
cuenta de la enorme importancia económica y estratégica de Rumania a
principios de la guerra. El 10 de abril de 1940, Mircea Eliade es
nombrado Consejero cultural de la Embajada rumana en Londres por el
gobierno del liberal anglófilo C. Tatarescu, siendo Ministro de
Cultura el historiador liberal C.C. Guiresco. Cuando, el 10 de
febrero de 1941, Inglaterra rompe las relaciones diplomáticas con
Rumania Eliade será destinado a Lisboa mientras dura la guerra.
La experiencia portuguesa es fundamental para la posición política
asumida por Eliade en esta época trágica. Demócrata convencido, se
ve obligado a aceptar la realidad de la dictadura, pues Rumania
había pasado de la dictadura real de 1938-40 a la dictadura militar
de 1941-44. Por otro lado, en Portugal, cae de pleno en una
dictadura próspera en el momento y, según la confusión de sus mismos
adversarios, tan "democrática" como posible, y de ella puede
admirar" lo mismo una posición moderada dentro de una política
extremista que el rechazo orgulloso del antisemitismo bajo todas sus
formas. Salazar, ¡qué gran ejemplo de equilibrio para esta dictadura
militar rumana que es cada vez más presa de las amenazas y de las
promesas de Hitler, este Hitler que el líder portugués se permitía
criticar en público, afirmando que la ocupación de Europa por los
ejércitos nazis constituían la mayor desgracia de la civilización
occidental! Por ello, Eliade describe la experiencia portuguesa en
un libro aparecido en Rumania en 1942, con el fin de persuadir al
dictador de su propio país para que asuma una actitud menos rígida
con respecto a las peticiones alemanas. El mismo Salazar, con quien
se iba a encontrar en agosto de 1942, considera como una locura la
guerra en Rusia y declara que, si fuera Antonesco, se preocupara de
que el ejército se quedara en el país. Mircea Eliade vuelve a
Bucarest para tratar de transmitir este importante consejo al líder
rumano, pero ni tan siquiera puede llegar a su antecámara. Es su
última visita a suelo rumano.
El fin de la guerra le coge en París, ante las dificultades del
exilio, que afronta solo, su primera mujer muere durante la guerra.
El enorme éxito de sus primeras obras científicas no le asegura sin
embargo un puesto en el CNRS, la sospecha, infundada pero alimentada
por la embajada de Rumania, y pensando sobre él de que había sido
miembro de "la Guardia de Hierro...El 9 de enero de 1950, se casa
con Christinel Cottesco, la inseparable compañera de su vida y de su
trabajo en sus últimos treinta y cinco años. Amigo de Carl Gustav
Jung, participa en las conferencias Eranos en Ascona y obtiene una
modesta beca de la Fundación Bollingen de New York, que le permite
vivir hasta 1955, cuando, invitado a Chicago para hacerse cargo de
las célebres Haskell Lectures, ocupará la cátedra vacante del gran
sociólogo y fenomenólogo de las religiones Joachim Wach. Establecido
en los Estados Unidos, Mircea Eliade," va además a alcanzar una
gloria permanente merecida por su originalidad, su erudición
innegable y la profundidad de sus 30 volúmenes, aparecidos después
de la guerra "y traducidos a 18 lenguas. Propuesto dos veces para el
premio Nobel de Literatura, Mircea Eliade recibirá igualmente las
más altas distinciones académicas y honoríficas en Francia, Estados
Unidos, y en otros países de Europa y de América.
La obra amplia y profunda del historiador de las religiones surge de
un debate implícito sobre el sentido de la existencia en el mundo.
El fin de Eliade es el de trazar los contornos de una antropología
filosófica a partir de la descripción de las estructuras
fundamentales de la religión".
Hay tres hipótesis en la carrera científica de Eliade: la propia del
especialista, autor de las monografías sobre el yoga (1936-1954). el
chamanismo (1951) o las religiones australianas (1973); la del
fenomenólogo -comparatista, autor del "Tratado de historia de las
religiones" (1949), de los "Aspectos del mito" (1963) o de la enorme
"Historia de las creencias y de las ideas religiosas" (1976-1983); y
la del filósofo autor de varios ensayos importantes, en rumano y en
francés, algunos publicados en los volúmenes "Mitos", "Sueños y
Misterios" (1957), "la Nostalgia de los orígenes" (1971), etc.
SOBREPASAR LOS LIMITES DE LA CONDICION HUMANA
El estudio de los documentos religiosos de la humanidad revela a
Eliade la existencia de una identidad o de una continuidad de
estructura, que se manifiesta en las múltiples analogías al nivel de
las técnicas religiosas propiamente dichas. Es así como, sin
pronunciarse sobre las filiaciones entre estos dos fenómenos
religiosos distintos, Eliade hace notar, por ejemplo, los grandes
parecidos entre el yoga y el chamanismo, a nivel de sus
preocupaciones existenciales y de la realización práctica de ellas.
Para el chamán lo importante es el éxtasis. Todo lo que hace, hasta
los más pequeños detalles de su vestido, por ejemplo, va encaminado
a este fin. El éxtasis es tanto una realización efectiva como una
representación teatral hasta el punto de que los límites entre los
dos son a menudo imperceptibles. Pero la ideología del chamanismo
afirma que el técnico puede trascender los limites de la condición
humana y la práctica enfrenta a veces al investigador con los
fenómenos paradójicos.
En cuanto al yoga, aunque se base en las mismas creencias arcaicas
que el chamanismo, representa una técnica donde el cosmos está más
bien en el interior del practicante asumido en su cuerpo sutil. Para
Eliade, el éxtasis del chamanismo se opone al "enstase" (éxtasis)
del yogin.
Fiel a este programa de investigación de las técnicas religiosas de
superación de la condición humana, Eliade iba igualmente a analizar
este fenómeno a la vez social y místico, que es la iniciación
(Nacimientos místicos, 1959, 1976, bajo el título de "Iniciaciones,
ritos, sociedades secretas"). Dentro de un mismo programa de
exploración de los fenómenos religiosos fundamentales a través de
los cuales el hombre afirma su autonomía espiritual, aparecen las
investigaciones de Eliade sobre la alquimia, esbozadas ya en dos
pequeños volúmenes en rumano (1935, 1937), y conocidas ya gracias al
libro "Forjadores y Alquimistas" (1956).
Chamanismo, yoga, iniciaciones, alquimia, forman cuatro temas
mayores a los que Eliade ha consagrado preferentemente sus obras.
Fundada en esta extensa experiencia del documento religioso
auténtico, la obra del fenomenólogo representa una continuación y a
la vez una superación de los temas monográficos encaminados hacia la
realización de grandes síntesis. La perspectiva fenomenológica trata
de poner de manifiesto las estructuras y los tipos de las religiones
del mundo, llegar conocer los aspectos comunes, y en una palabra:
establecer la esencia de la religión.
Como disciplina autónoma la Fenomenología de las religiones aparece
en Holanda durante la segunda mitad del s. XIX, representada por los
profesores P.D. Chantepie de la Saussaye ( Amsterdam ) y C. Tiele (
Leiden ). Después de la aparición de la obra de E. Husserl , esta
disciplina se inspira en su filosofía para defender su
procedimiento, que se propone conocer la esencia del fenómeno en
cuestión. Su carácter de disciplina científica, que trabaja
inductivamente, es puesto cada vez más de manifiesto por los
numerosos fenomenólogos alemanes, holandeses y suecos de principios
del siglo XX. El más importante de ellos es el profesor de Geoninga,
en el que se inspiró Eliade, G. Van der Leeuw (1890-1950), autor de
la importante "Fenomenología de la religión"(1933), así como de
otras obras de la estructura de la religión y la mentalidad
primitiva.
Fue de algún modo una tradición en los tratados de fenomenología
esbozar cuadros de categorías religiosas recurrentes, como las
formas más simples de las experiencias religiosas humanas,
determinadas por los medios en donde se desarrolla la vida natural:
el cielo, la tierra, la vegetación, la roca. Su orden estaba dictado
por la idea evolucionista, implícita o explícitamente, de que las
religiones se desarrollan de acuerdo a una superación de lo simple e
inferior hacia lo complejo y superior. El problema de Dios en el
monoteísmo sólo podía ser tratado, pues, al final de las listas de
dichas categorías.
LO SAGRADO MODIFICA NUESTRA PERCEPCION DEL ESPACIO-TIEMPO
En su " Tratado de historia de las religiones" Eliade modifica en
dos puntos la posición tradicional de la fenomenología. En primer
lugar porque su fenomenología de la religión no va más allá de la
experiencia unida al medio natural, espacio-temporal. En segundo
lugar, porque se habla del Dios monoteísta al principio, y no al
final de la obra.
Pero la principal innovación introducida por Eliade en la
fenomenología es sin embargo de orden más elevado: consiste en la
determinación de las categorías según las cuales la experiencia
religiosa modifica la percepción del espacio y el tiempo ; se
trata de un tema tratado en infinidad de sus obras a partir de "El
mito de la reintegración" (1942) .
Como fenomenólogo, Eliade introduce en su obra el concepto
fundamental de "hierofanía", que representa la revelación de
lo sagrado en los objetos naturales y artificiales que rodean al
hombre.
Lo que en primer lugar se revela como sagrado es la tierra, el
cielo, el agua, el árbol, la piedra. Pero cada una de estas
hierofanías expresa otra modalidad de lo sagrado: el cielo
refleja la trascendencia; la tierra la fecundidad, etc... En una
amplia síntesis Mircea Eliade traza la experiencia humana de lo
sagrado, una experiencia extraña y fascinante a la vez.
El territorio tiene, para el hombre arcaico, siempre una
orientación: se trata de un espacio sagrado alrededor del centro del
mundo, que es a la vez absoluto desde el punto de vista ontológico y
relativo desde el pragmático ( por ejemplo en el budismo cada
stupa - tumba de Buda - es un centro del mundo y al mismo tiempo
la única tumba del único Buda).
El tiempo sagrado es un tiempo que se ha vuelto cíclico por la
conmemoración periódica y estable de acontecimientos que tuvieron
lugar en los orígenes.
Espacio y tiempo sagrado deben su carácter especial al mito, en
tanto éste es una historia que se refiere a los orígenes del mundo
en el sentido más general; y es al mismo tiempo relativo al
territorio, pues establece su carácter sagrado, en relación con las
gestas de seres míticos primordiales, y relativo al tiempo, cuyos
ciclos son establecidos por ceremonias y rituales periódicos,
instituidos ab origine por los personajes del mito.
Para el hombre arcaico el mundo es sólo un pretexto, un soporte cuya
realidad no aparece en la experiencia sensible, sino en virtud de
las experiencias de las huellas originales de los seres míticos, en
una palabra a través de la experiencia de las hierofanías.
La concepción del mundo moderno, completamente profano, no orientado
hacia ningún valor más allá de la historia, ha sido prefigurada por
el judeocristianismo que es vehículo de la noción del tiempo lineal,
donde la historia ocupa el lugar de los acontecimientos del mito.
Se puede decir, de alguna manera, que en las religiones abrahánicas
la historia misma está mitificada: la "pascua no es como en
los pueblos cananeos una simple fiesta de primavera sino la
conmemoración de la salida del pueblo elegido de su cautiverio en
Egipto; la pasión de Cristo no tiene lugar in illo tempore,
en el origen del tiempo o en el tiempo del sueño, como los sucesos
narrados entre los mitos australianos, se desarrolla en un momento
histórico determinado, bajo el procurador Poncio Pilatos, y así
otros elementos.
Concebida de este modo, la dicotomía entre lo sagrado y lo profano,
juega un papel fundamental en la antropología filosófica de M.
Eliade.
Expuesta en muchos de sus libros y ensayos, desde "El mito del
eterno retorno"(1949) hasta "La nostalgia de los orígenes" (1971),
la antropología filosófica de Eliade no tiene nada de doctrina
sistemática. Está fundada en algunas premisas de orden
fenomenológico, y en teorías del psicoanálisis de Carl Gustav Jung.
EL HOMBRE MODERNO VIVE DESORIENTADO
Famosa imagen que muestra a Jung y a Mircea Eliade (izquierda) en conversación.
Eliade
admite sobre todo la idea de Jung sobre las supervivencias arcaicas
en el inconsciente del hombre moderno. Este hombre moderno lleva en
si la paradoja de una existencia a dos niveles diferentes y
paralelos, incompatibles entre ellos para tomar conciencia de sí
mismo: por una parte, su nivel histórico, organizado según un
esquema de adecuación a una situación alienante y, por otra parte,
su nivel mítico, es decir, su estructura psíquica profunda,
organizada según un esquema simbólico. El hombre histórico continúa
viviendo inconscientemente según las mismas categorías que el hombre
pre-moderno, su vida inconsciente está incluso estructurada según un
esquema de iniciación implícita dentro -de su contacto con la
historia. Esta situación puede definirse según la fórmula del
psicoanalista Erich Neumann, como un "ritual del destino"; el hombre
moderno padece la ordalía de la historia, está inconscientemente
iniciado en la existencia responsable por el hecho mismo de su
historicidad. Así es como Eliade recupera, además, la existencia
dentro del mundo del hombre moderno: asignándole siempre un modelo
mítico.
Esta problemática del ritual del destino se repite con mucha
frecuencia en la creación literaria de Eliade. Están, junto con
algunas novelas realistas, en su mayoría inéditas, en Francia, y
junto con la novela experimental "Luz que se apaga", 1934, contiene
varias novelas y relatos fantásticos, casi todos al alcance, y
traducidos al francés.
Al principio, los relatos fantásticos de Eliade responde a una
convicción expresada en el excelente ensayo "El folklore como medio
de conocimiento", 1937, traducido al francés por Alain Paruit en
Herne, 1978: puesto que todos los fenómenos paranormales son reales,
estas hazañas fantásticas que Eliade expone en sus novelas
-desplazamiento de los personajes en el tiempo y en el espacio,
facultad de acción mágica, "metasomatosis, incluso el mismo
vampirismo ("Señorita Christina", 1936, traducción francesa 1978)-
son también reales.
Más tarde, Eliade elabora una teoría del "milagro imposible de
conocer" que desemboca en una especie de "sincronicidad" en el
sentido que Jung da a esta palabra. Se sabe, en efecto, que Jung
negaba la relación causal entre los elementos de un pronóstico (por
ejemplo la carta celeste en la astrología) y la realización de éste.
Admitía, sin embargo, la existencia de lo que llamaba la "sincronicidad".
En esta segunda fase de la literatura fantástica de" Mircea Eliade,
el relato de hazañas sobrenaturales apenas cambia, con la primacía
absoluta del desplazamiento en el tiempo corrimiento de las capas
del tiempo una sobre otra, discontinuidad del tiempo", etc.). Son
los personajes los que cambian completamente, y su actitud con
respecto a lo que ocurre. Es el "idiota" de la estética
expresionista ("El Pasa-Muralla" de Marcel Aymé, "El hombre de las
risas" de autor dramático rumano George Ciprian, etc.) el que desde
ahora hace su aparición en la prosa de Eliade, sobre todos en sus
relatos "Las Bohemias", 1958, traducción francesa, 1978, "14.000
cabezas de ganado", 1959, "El hombre viejo y el oficial", 1968,
traducción francesa, 1977, etc.
En la gran novela, en parte autobiográfica, "Selva prohibida" (que
aparece en francés en 1955, el papel del "idiota" es transferido al
anti-héroe por excelencia que es Stéphane Vizira, cuyo problema
fundamental es la irrupción de lo sobrenatural en lo real, la
premonición y la interpretación de ésta. Stéphane es un hombre
moderno, un hombre normal, cuya existencia histórica está perturbada
por una serie de "sincronicidades". Este espacio abierto de la noche
del inconsciente que se ha entreabierto para él, tiene compasión de
él y lo absorbe al final.
El tercer período en la literatura fantástica de Eliade, al
responder a una intención de recuperación de todos aquellos que
sufren, de las conciencias a la deriva, se distingue claramente con
respecto a las dos primeras. Esta última metamorfosis de Mircea
Eliade aparece a partir más o menos del relato "Uniformes de un
general", 1974, que inaugura todo un ciclo, llamado por nosotros
"ciclo del espectáculo y de la criptografía". Este ciclo contiene
todas las últimos cuentos de Eliade: "Incógnito en Buchenwald", "Las
Tres Gracias", "La Peregrina", "El Tiempo de un centenario",
"Diecinueve risas" y "Dayan". La transición entre el "ciclo del
idiota" y el "ciclo del espectáculo" se realiza en el cuento "En la
Corte de Dionis", publicado por primera vez en "Revista Scriitorilor
Románi" (Múnchen 1968, p. 24-66).
En el primer ciclo, el de las "Noches en Serampore, "El secreto del
doctor Honigberger","La serpiente", que podría llamarse "ciclo
indio", Eliade es un especialista de lo sagrado. En el segundo
ciclo, el especialista es reemplazado por el idiota, el corto de
inteligencia. Pero en los dos casos, se trata de una irrupción de lo
fantástico en lo cotidiano.
Reminiscencias del idiota -del que hay que señalar este carácter
positivo que tenía el "idiota triumphans" de Nicho-las de Cuse y,
por otra parte, en toda la tradición cristiana-" que persisten en el
tercer ciclo, lo "mismo que otras temáticas propias de Eliade. Pero,
en general, este "ciclo del espectáculo y de la criptografía" nos
enfrenta a personajes y a problemas nuevos. Lo fantástico, que ya no
irrumpe en lo cotidiano está esta vez en relación con la ciencia
moderna y la criptografía -de ahí el papel decisivo del policía, del
criptógrafo que crea el mito planteando la existencia de un enigma-.
Además, los procedimientos para descifrar juegan un papel importante
en este espectáculo organizado por jóvenes en búsqueda de la
libertad absoluta, tema central de varias obras pertenecientes al
ciclo. No se trata ahora de milagros. "Estamos condenados a la
libertad absoluta" dice un personaje al final de "Diecinueve risas"
(p. 139). Y por haber descifrado los mensajes en clave que aparecen
de ninguna parte para inquietar a la policía, el resultado es
desastroso: "Ha habido cortos de inteligencia en este mundo nuestro.
Pero el más célebre sigue siendo Parsifal. Puesto que él fue el
único que preguntó: ¿dónde está el Santo Grial?...¡Qué miserable
este Grial que se nos ha encomendado buscar. Buscar y encontrar!
(Pelerina, en Ethos 3, p. 35-36).
El desciframiento, esencial para las narraciones de este "círculo
del espectáculo y de la criptografía", no desemboca en "nada". Sin
embargo, la significación de la existencia en el mundo, esta
existencia que, basándose en "nada", está condenada a la libertad
absoluta, sólo puede plantearse por medio de una operación de
desciframiento.
ELIADE, MISTAGOGO DE LOS TIEMPOS MODERNOS
Se le puede dar a Eliade el apelativo de "mistagogo". Entre los
Griegos, el mistagogo era el sacerdote que presidía la iniciación a
los misterios, de donde, por extensión, un maestro, un guía. Esta es
una de las significaciones de la palabra. Hay, sin embargo, otra
que, sin ser peyorativa, indica un proceso artificial: el mistagogo
es alguien que inventa misterios y arrastra a los demás a seguirle
por su camino. Las dos significaciones se aplican a Eliade: es
maestro, iniciador en los misterios que él ha creado.
Es inútil insistir en el estatuto y la importancia de la
hermenéutica en la obra científica de Eliade, dada a conocer por
Adrián Marino en su libro, traducido al francés en 1981.
En las memorias y los diarios de Eliade, la hermenéutica adquiere un
estatuto esencial que ha sido señalado varias veces. A través de una
actividad hermenéutica, Eliade asume y comprende episodios de su
propia existencia y de la cultura moderna: por ejemplo son el yoga y
el tantrismo los que le ayudan a integrar estas experiencias
anárquicas de su adolescencia, cuando reducía sus horas de sueño y
afianzaba su voluntad comiendo objetos repulsivos; el amor le revela
el misterio de la totalidad; otras veces, traza paralelismos entre
las teorías de la física moderna y diversas experiencias místicas,
etc.
En la literatura de Eliade, la hermenéutica conserva este carácter
existencial, siendo una técnica principal de subsistencia y de
liberación. El sentido es consubstancial al hombre, que sólo puede
subsistir en la medida en que tiene uno. Liberarse significa haber
encontrado un sentido. Ahora bien, la hermenéutica es justamente la
operación que plantea un sentido. Es necesario que cada uno busque
su propio Graal. La búsqueda del Graal es una actividad
esencialmente hermenéutica. El "primer" Eliade, el teórico del
milagro y de su irrupción en el mundo, creía que el sentido es
trascendente con respecto a la hermenéutica "misma. El "segundo"
Eliade, el del "miserable Graal...buscado y encontrado", cree que es
la hermenéutica la que plantea el sentido. Así es como el mistagogo,
que actuaba como iniciador en los misterios objetivos transcendiendo
al operador, se da cuenta de que sólo es un inventor de misterios
por medio de la hermenéutica. En la literatura de Eliade, a lo largo
de sus tres etapas o ciclos, la madeja de la trascendencia se
divide, de modo que al final, en el tercer ciclo, el hombre no se
encuentra separado de nada ("libertad absoluta") si no es por la
delgada pared de la hermenéutica. En este momento, todo el mensaje
de Eliade podría resumirse en estas palabras: para sobrevivir, hay
que practicar la hermenéutica. En cuanto a las modalidades de la
hermenéutica, la que más conviene al hombre, es la criptografía. Hay
siempre que descifrar misterios, pues el desciframiento no está
hecho para disipar la duda: al contrario, es él quién la crea, él es
el mecanismo que produce el misterio. Sobre lo que este mecanismo
actúa no tiene verdaderamente importancia: como mucho, nos podemos
servir de las manchas de moho en un muro ("Incógnito en Buchenwald"),
tesis de Eliade que se aparenta a la del gran mistagogo moderno,
Jorge Luis Borges. Pero esta operación es eficaz con la condición
que no se desvele el misterio, dicho de otro modo, que no se consiga
descifrar el mensaje. En este caso, el sentido que se obtiene es
siempre ridículo por su poca importancia, es sólo un "miserable
Graal". El Graal sólo puede ser verdadero factor de sentido, de
elevación moral y de equilibrio mientras dura su búsqueda: cuando se
le encuentra,-es decir, cuando la facultad hermenéutica ya no se
ejerce- es factor de muerte. Pues el Graal, es nada y su búsqueda no
es lo que nos acerca a él, sino lo que nos separa de él.
Efectivamente, habrá fieles de Eliade que gritará: ¿había que
investigar durante tanto tiempo para darse cuenta que entre lo que
no es nada y el Graal no hay ninguna diferencia? Pero, como Eliade
mismo, cada uno lo aprenderá solamente en el momento conveniente, de
modo que esta revelación no será menos extraordinaria que otra. Ni
menos terrible.
La función del mistagogo es instruir y acompañar. No hay mistagogo
sin fieles. Mircea Eliade no ha instituido verdaderos misterios. Sus
libros se dirigen al mundo entero. Todos los lectores son sus
fieles. Pero a aquellos que se acercan a él, Eliade les responde con
un intenso e igual resplandor de amor. Es su hipóstasis de "santo":
dar a cada uno, sin discriminación, todo su amor. Hipóstasis tardía,
que comienza con un ejercicio del que son testimonio varios de sus
libros: amar a dos mujeres a la vez, con el mismo amor imparcial
completo. Así como la disminución del tiempo de sueño sólo puede
efectuarse un minuto por noche, el resplandor universal del amor
sólo puede obtenerse empezando por el caso menos complicado: tratar
de amar a dos seres diferentes con todo su amor, para alcanzar mas
tarde a toda la humanidad
Es el
método del doctor Payot aplicado a la santidad.
Eliade ha llegado tan lejos en este camino que se le podría sin duda
aplicar todas las palabras del capítulo 49 del Tao-Te-King: "el
sabio no tiene corazón para sí mismo; su corazón, es el corazón de
su pueblo. Yo soy bueno con el que es bueno, pero soy igualmente
bueno con el que es malo, pues es la virtud en sí misma la que es
buena. Yo soy sincero con el que es sincero, pero soy igualmente
sincero con el traidor, pues es la virtud en sí misma la que es
sincera. La existencia del sabio en el mundo no es tranquila: su
corazón resplandece sobre todos los mortales; sus gentes le aman y
el sabio los trata como si fueran sus propios hijos".
Pero la actividad de mistagogo de Eliade sólo puede manifestarse por
medio de una parábola que pertenece a la sabiduría de Oriente: La
Escritura del Lotus, la Saddharmapundarika budista, dice que
la probabilidad que el hombre tiene para liberarse dentro de esta
misma existencia no es mayor que la de que una tortuga tuerta suba a
la superficie del agua en el momento justo en que un tronco provisto
de un agujero pase por encima de su ojo sano, de modo que ella pueda
subirse, por el agujero, hasta el tronco. La tortuga es tuerta, su
posibilidad de orientación está disminuida; la probabilidad además
de que justo el tronco que pasa esté agujereado es mínima. El tronco
flota al azar, recorriendo todas las aguas del mundo: la
probabilidad que pase justo por encima de la tortuga es mínima. Hay
poca esperanza de salvarse. Pero la función del mistagogo es
justamente la de lanzar al agua piezas de madera agujereadas para
las tortugas tuertas.
Este es el papel que asumió Mircea Eliade: su literatura, sobre todo
sus cuentos, son esas "piezas de madera" cuya función es la de
entrenar a las tortugas para un ejercicio verdaderamente insólito,
un ejercicio que ha sido representado por siempre en una de las
obras maestras de Constantin Brancusi: "Tortuga volante". (*)
(*) Fuente: J.P.Couliano, Mircea
Eliade y el hombre universal, en traducción del cuaderno Homo
religiosus. Dialogues avec le sacré Paris, 1994, realizado por
F. Schwartz. Publicado con anterioridad en El hilo de ariadna.
(*) J. P.COULIANO, el autor, que ha
muerto asesinado hace una década, fue historiador de las religiones
y colaborador de Eliade. Obras en castellano: "Eros y magia en el
Renacimiento" , Madrid, Siruela, 1999; "Experiencias del éxtasis"
Madrid, Paidós Orientalia, 1998