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BOSQUE DE LAS ESCULTURAS DE SAN AGUSTÍN
Los testimonios artísticos de un pueblo escultor americano
San Agustín es el corazón arqueológico de Colombia. Aún hoy es el hogar de ancestrales y poco comprendidas esculturas. El pueblo que habitaba en San Agustín, del que muy poco sabemos, creó un silencioso santuario rodeado de selva y montañas: el Bosque de las Esculturas. Algunas de sus estatuas muestran a seres con rasgos de jaguar, símbolo fundamental de la fuerza vital entre los pueblos americanos. También, en San Agustín, laten las singulares estatuas del "doble yo", imágenes de hombres, acaso guerreros o sacerdotes, sobre los que se festonean la vitalidad de un jaguar o un caimán. En este instante de Mundo mítico y Arqueología de Temakel, les presentamos un artículo sobre esta fascinante legado artístico y religioso del mundo indígena de Enrique Molina Carrión, editado originalmente en la prestigiosa publicación española Revista de Arqueología.
SAN AGUSTÍN, UN PUEBLO ESCULTOR Fotos y textos: Enrique Molina Carrión La región de San Agustín está incrustada en la estratégica articulación que forma el gran Macizo Colombiano, al dividirse, dando nacimiento a las cordilleras andinas Central y Oriental. Es una zona conformada por suaves colinas, limitadas de repente por profundos cañones. Al fondo, el río Magdalena y otros bajan torrentosos de los páramos. El territorio fue habitado, durante más de dos mil años, por una cultura de la que no se sabe a ciencia cierta gran cosa, salvo por sus extraordinarias esculturas de piedra, sarcófagos con tapas inmensas, tumbas revestidas con grandes lajas y monolitos magistralmente tallados en roca volcánica, dispersos en una zona de unas cincuenta mil hectáreas. Aunque las teorías de diversos antropólogos presentan grandes discrepancias sobre el pueblo mismo y sobre algunos aspectos de la cronología, pruebas de Carbono 14 registran los más antiguos antecedentes agustinianos antes del 3000a.C., lo que marcaría un horizonte de antigüedad de 5000 años, si bien el periodo "Clásico Regional" se sitúa del 300 al 800 d.c., el cual coincidiría con la construcción de los montículos funerarios, el florecimiento de la estatuarias y el enterramiento en sarcófagos de madera. Hay que destacar la aceptación general entre los investigadores en cuanto a que la estatuaria tuvo su mayor auge antes de la llegada de los españoles. Ese pueblo escultor mantuvo estrechos vínculos con áreas bien alejadas del Alto Magdalena, como la región Calima y la cuenca amazónica. Aunque la zona seguía siendo habitada en tiempo coloniales por indígenas, se discute sobre si pertenecían a la misma cultura o no. El caso es que no parecían recoger una tradición remota, tal vez el pueblo escultor emigró por alguna razón, hacia el Sur (Ecuador y Perú), donde se encuentra algunos nexos y similitudes especialmente en el diseño y la alfarería, la agricultura y costumbres funerarias. A la llegada de los españoles, la región estaba poblada por los andaki, etnia procedente de la amazonia, que opusieron feroz resistencia hasta que fueron exterminados. Las estatuas permanecieron bajo tierra ciento de años, hasta el siglo XVIII, cuando fueron excavadas y saqueadas la mayor parte de las tumbas. Aunque las primeras crónicas de visitantes con interés investigador datan de 1756 no fue hasta 1913 cuando se hizo el primer estudio serio, a cargo del arqueólogo alemán K. Preuss. Desde entonces han sido estudiadas de manera permanente, en especial por el español José Pérez de Barradas, en 1936, y por los colombianos Gerardo Reichel-Dolmatof, en 1966, Luis Duque Gómez, desde 1943 hasta hoy, y varios más.
San Agustín tiene, a
simple vista, un carácter ceremonial muy particular. Fue un centro con un
amplio radio de acción, al que acudían gentes desde lejanas tierras para
sepultar a sus muertos y rendir culto a sus divinidades. Al respecto, es
interesante observar que la mayor parte de las estatuas se hallan
asociadas a enterramientos, alguno de los cuales alcanzan dimensiones
monumentales. Sin embargo, se trata de una teoría muy debatida en los
medios científicos, pues también existe testimonio de terraplenes y zanjas
correspondientes a antiguos campos de cultivo, caminos y lugares de
vivienda. El estudio de la estatuaria ha permitido deducir algunos de sus hábitos en el vestir. Los hombres se cubrían con taparabos sostenidos por anchos cinturones. Usaban diademas de oro, gorros tejidos o de piel y coronas de plumas. Sus armas eran escudos, rodelas y mazos. Las mujeres usaban falda corta con cinturón, abierta por el lado izquierdo, y delantales; llevaban turbantes envolviendo el cabello, se pintaban el cuerpo con colorantes de ocre y se adornaban con collares de piedras, conchas, semillas, hueso y oro. La estatuaria agustiniana San Agustín se ha convertido en la "capital arqueológica de Colombia" gracias a la enigmática cultura megalítica que floreció en esta exuberante área del Alto Magdalena, y que se extendió hasta la región de Tierra dentro en el Cauca, donde los enterramientos se hacen en forma de hipogeos, pero las muestras de estatuaria son similares, sin llegar a la espectacularidad de aquí.
Así, se han creado unos itinerarios, bastante bien conseguidos, en los que se ha dado en llamar el Parque Arqueológico, que comprende; el Bosque de las Estatuas, las Mesitas, la fuente de Lavapatas y el Alto de Lavapatas. Completando la información lítica del recorrido hay también una biblioteca y un museo con muestras de otro tipo: cerámica, instrumentos, además de fotografías de importantes piezas exhibidas actualmente en el Museo de Berlín (llevadas allí por Preuss hace más de 60 años) y en el Museo del Oro de Bogota, como un famoso pez alado, todo él en oro y que ahora comienza a exhibirse por primera vez en las exposiciones temporales que realiza el Museo fuera del paús. El Bosque de las Estatuas
En uno de los pocos
reductos del bosque natural Primario que todavía subsisten en la zona, se
han dispuesto, a lo largo de un sendero, 35 estatuas de diversos orígenes,
desenterradas por guaqueros (excavadores clandestinos) y por los primeros
trabajos arqueológicos, hace más de medio siglo. Muchos monolitos, pues,
no están ni en el lugar ni en la posición original.
Los antiguos habitantes de
San Agustín transmitieron hereditariamente las técnicas y secretos del
oficio de la escultura. Su poder residía, precisamente, en el arte de la
estatuaria.
Mesitas Si estos templos estuvieron abiertos al culto o no, todavía es un asunto discutido; sin embargo, la gran cantidad de tumbas de "pozo" que hay alrededor de los montículos hace presumir que se trató de lugares de importancia en la vida de la comunidad. Fuente de Lavapatas Rodeada de guaduales (bosquecillos de bambúes), la Quebrada de Lavapatas tiene su lecho rocoso convertido en escenario de la que quizás es la más grandiosa obra escultórica de los agustiniano: la Fuente Ceremonial de Lavapatas. Se trata de un complejo laberíntico de canales y piletas talladas en el pico rocoso de un riachuelo, adornado con representaciones de serpientes, lagartos, salamandras y ranas, con caras y formas humanas. El delicado manejo del agua, en sus pasos, saltos y remansos, imparte al conjunto una dinámica y un movimiento sin precedentes en la cultura de San Agustín. Constituye una evidencia de alto grado de pericia alcanzada por los escultores en el empleo de las posibilidades ofrecidas por los materiales, en este caso el agua y la piedra combinados. Todo indica que se trató de un sitio consagrado al culto de las deidades acuáticas; probablemente estuvo dedicado a ceremonias religiosas, baños rituales, sacrificios y prácticas curativas. Se observan tres piletas con diferentes niveles de elaboración, que tal vez correspondan a una determinada jerarquía social. Es posible que la pileta más trabajada fuera para los jefes y sacerdotes, la intermedia para las personas menos importantes y la más sencilla para el pueblo. El Lavapatas es, sin duda, la fuente primordial donde el agua funcionaba como puente entre la realidad visible e invisible. Alto de Lavapatas En la Parte superior de la colina contigua a la fuente, se descubrieron los vestigios arqueológicos más antiguos fechados hasta el momento en San Agustín, con una edad de 26 siglos. Constituye un mirador excepcional desde donde se domina todo el valle y numerosos sitios arqueológicos. Actualmente pueden observarse varias tumbas, una de ellas donde parece que existió un cementerio para niños, resguardada por una gran estatua con el tema del "doble yo", una figura tridimensional con relieve antropomorfo frontal, protegida por un doble zoomorfo que le cubre la cabeza, al tiempo que desciende por la espalda y se desdobla en otra figura. El alto de los Idolos
Constituye otro interesante
parque arqueológico localizado al otro lado del río Magdalena. Allí se
pueden apreciar sarcófagos, tumbas, manos y esculturas antropomorfas y
zoomorfas, una de las cuales, con unos siete metros de altura, es la más
alta del parque. En el Alto de los Idolos se pone de manifiesto hasta qué
punto la muerte era un eje tan importante como la vida. De hecho, los
muertos no se iban, sino que quedaban en medio de la
El Alto de los
Ídolos se divide en dos Mesetas: A y B separadas por un gran terraplén
indígena. En cada una de ellas existen montículos artificiales originales
con gran variedad estatuaria asociada a tumbas. En el cerro de El Purutal hay dos estatuas que retienen algo de su color original: amarillo, rojo, ocre, azul, blanco y negro. Los lugares donde se hallan las estatuas no fueron escogidos al azar, sino que todo corresponde a un minucioso mapa místico y sagrado. Es un trazado de fuerzas religiosas donde cada una ocupa su lugar específico y ejerce una función también muy precisa. Este conjunto se interpreta como los templetes dedicados a los sacrificios. (*)
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